viernes, 18 de junio de 2021

NO TODO ESTÁ PERDIDO: CAPITULO 48

 

Pedro no tenía tiempo para discutir. Seguía intentando entender por qué Paula se había marchado del rancho sin decirle nada. De modo que se sentó en el sofá y, cuando Sergio puso la taza de café sobre la mesa, se lo tomó de un trago.


–Paula te vio marchándote de Penny's Song con Susy.


–Su padre sufrió un infarto anoche y tuvieron que llevarlo a Phoenix. Susy estaba muy angustiada y decidí ir con ella… y me alegro de haberlo hecho porque su padre ha muerto. Era un buen amigo, Sergio.


–Lo siento mucho.


–Llamé a Paula varias veces para explicárselo, pero su móvil estaba apagado.


–Me dijo que querías hablar con ella después de la gala y luego te vio marcharte con Susy… estaba tan triste que no quería escuchar excusas. Eso es lo que me dijo –le contó Sergio. –Pensaba que vuestro matrimonio estaba irremediablemente roto, que habías decidido quedarte con Susy, por eso se ha marchado. Y por eso ha firmado los papeles del divorcio.


–Pero yo no quiero el divorcio.


–Tendrás que hacérselo entender a Paula –dijo Sergio. –Verás, hay cosas que no sabes… cuando éramos pequeños, mis padres estaban volcados en mí debido a mi enfermedad y se olvidaban de ella continuamente. Estaban todo el tiempo conmigo, llevándome a especialistas, cuidándome, haciéndome compañía en el hospital. No tenían tiempo para Paula y yo me daba cuenta, pero era demasiado joven como para saber cuánto iba a afectarle en el futuro. Siempre ha sido una persona fuerte y mis padres pensaban que no los necesitaba, de modo que no se ocupaban de ella. Paula se ha visto forzada a ser independiente desde muy pequeña y temía cometer los mismos errores que mis padres cuando tuviese un hijo, por eso quería esperar. Ha tenido que defenderse sola durante mucho tiempo y no quiere depender de nadie.


Pedro intentó asimilar esa información.


–¿Por eso se ha ido?


–Creo que sí. Ella quiere ser lo primero para alguien, es lo que siempre ha querido. Y cuando le enviaste los papeles del divorcio, se le rompió el corazón.


–Maldita sea –Pedro se pasó una mano por el pelo. –Muy bien, lo entiendo. Y te agradezco mucho que te hayas quedado para explicármelo.


–Deberías dormir un rato. Tienes muy mala cara.


–Hazme un favor, no le digas nada de esta conversación. Tengo que explicárselo yo mismo, tengo que pedirle perdón en persona.





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